Mensajes que nos deja Pesaj

4 abr. 2012




 Todos sabemos que Moshe, el más grande profeta que tiene nuestro pueblo, fue gran protagonista en la salida de los iehudím (judíos) de Mitzraím (Egipto). Hashem encomendó en él la misión de interactuar con Paró (el Faraón), convencer al pueblo a seguirlo y liderarlo en su liberación. Y cuando se habla de liberación no se refiere solo a salir de la esclavitud física de Mitzraím, sino también a liberarse espiritualmente.

   Hashem vió en Moshe a la persona indicada para lograrlo, cuando ni él mismo creía que era capaz de hacerlo, dudaba y temía no poder cumplir con lo solicitado por Dios.
La salida misma no fue sencilla. Es decir, ¿Acaso Hashem no tiene el poder para sacar de la esclavitud de un día al otro a su pueblo? ¿Era necesario que Moshe tenga que convencer a Paró de dejarlos salir? ¿Hacían falta las diez plagas, la salida apresurada? ¿Encontrar otro escollo como atravesar el mar y tantas pruebas más que tuvo Am Israel?

   La respuesta la encuentro en que como dije antes, la liberación no era solo física, fue también espiritual y cada uno de estos obstáculos fueron pensados y luego acompañados de milagros imposibles de olvidar y ser reconocidos. Las ya mencionadas 10 plagas, el bastón convertido en serpiente, la zarza ardiente, la apertura del mar, el Man (maná) cayendo del cielo en el desierto entre tantos otros.
   El mensaje era claro para cada persona en ese tiempo, todo era mano de Hashem. Y hasta hoy tiene que llegar ese mensaje. Hoy nos sentamos en la mesa familiar, hacemos el seder de Pesaj, comemos Matza y tenemos el deber de seguir transmitiendo ese mensaje.

   Me encuentro con dos reflexiones. Lo primero que aprendo en toda esta historia, es que Dios conoce todo nuestro potencial, tenemos un propósito y todo en nuestra vida tiene un porque, solo tenemos que ser pacientes para poder darnos cuenta que todo lo que Hashem manda para nosotros es lo mejor, aunque en ese momento no podamos verlo así o no nos sintamos capaces. Esto lo veo en la elección de Moshe y sus propias dudas, y también lo veo en que a pesar de cada milagro aún había desconfianza y hasta quejas en lo que Hashem enviaba y Moshe transmitía.

   Mi segunda reflexión parte de otro interrogante que me surgió con el paso del tiempo. ¿Cómo es que Moshe Rabeinu (nuestro maestro), la persona que alcanzó el nivel más alto a punto tal de poder dialogar directamente con Hashem, no figura en ningún momento en la Hagada de Pesaj?

   La Torá nos cuenta bien la historia, no hay dudas del papel que cumple Moshe, pero en la noche del Seder, cuando justamente recordamos y transmitimos, ¿No encontramos su nombre escrito? Si bien leí muchas opiniones y relatos sobre esto, me quedo con la que indica que el porqué de esto es para que no queden dudas que todos los acontecimientos son obra de Hashem y Moshe solo su interlocutor, y así evitar confusiones que hagan dudar del poder de Dios. 

   Pero personalmente encuentro que se nos está de algún modo queriendo decir algo más. No es necesario que nuestro nombre figure en algún lugar para que podamos cumplir nuestros objetivos, trascender. No, no es esto lo importante, lo importante es la acción que llevamos adelante, a veces hasta anónimamente. Lo que hacemos es lo trascendental, no quien lo hizo, mucho más cuando se es parte de un grupo.
   No busquemos el reconocimiento, nuestra meta debe ser buscar que lo logrado sirva realmente para algo.

   En Etz Jaim formamos un grupo, no existen los nombres a la hora de transmitir, porque lo que realmente importa es la obra que todos llevamos adelante.

   Espero y deseo que todos vivamos un Pesaj Sameaj, que disfrutemos con nuestros seres queridos la libertad que tenemos y sigamos transmitiendo el mensaje.

Gastón Bahar (Barchu)
Boguer





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