Personaje de la semana 5

1 nov. 2012

Rabí Akiva

Akiva ben Iosef (50 –135 EC) o simplemente Rabí Akiva fue un taná que vivió a finales del siglo I y principios del siglo II. Perteneció a la tercera generación de Tanaím. Fue una gran autoridad en materia de tradición Judía, y uno de los esenciales contribuyentes a la Mishná y los Midrashim Halájicos. Es nombrado en el Talmud como "Rosh ha Jajamim" (Cabeza de todos los sabios).

  Nació en Yehudá y los primeros años de su vida están descritos en las coloridas tradiciones populares de las que podemos deducir que pertenecía una familia humilde y no recibió una educación regular. Durante su juventud trabajó como pastor para uno de los ricos de Jerusalén: Calba Sabúa.   Al poco tiempo se enamoró de su hija Rajel. Esta aceptó ser su esposa a condición de que comenzara sus estudios en la Academia de Lod. Akiva partió a la Academia Rabínica y residió allí por espacio de 24 años. Cuando regresó a su hogar, a la edad de 40 años, ya se había transformado en uno de los más famosos sabios de Israel, lo hizo acompañado por miles de alumnos.

  Rabí Akiva no sólo se destacó por su conocimiento sino que dejó también una brillante generación de discípulos entre ellos Rabí Meir, Rabí Yoséi ben Jalaftá y Rabí Shimón Bar Yojái.
  En el año 132 E.C. estalló en Eretz Israel una revuelta contra Roma dirigida por Bar Cojvá, Rabí Akiva aceptó a Bar Cojvá como representante de la voluntad divina y tomó parte en el período de preparación del levantamiento. Después de tres años de cruenta lucha, el grito de indepenencia de Yehudá fue sofocado por las tropas romanas (135 E.C.), y comenzó uno de los períodos más terribles en historia de Israel: El Gobierno de Roma impuso severas prohibiciones al estudio de la Torá y el cuidado de las normas judías. Rabí Akiva comprendió el grave peligro físico y espiritual que amenazaba la existencia de Israel por lo que continuó con fervor sus estudios y dedicó gran parte de su tiempo a la enseñanza. Fue detenido mientras dictaba clases y condenado, como otros sabios de su generación, a una muerte cruel. Ni aún en la hora de su agonía, se quebrantó su profunda fe en el pueblo y en su Dios.
Rabí Akiva fue un erudito en la literatura rabínica y estuvo cercano a las corrientes místicas y filosóficas que florecieron durante ese periodo.

  No sólo supo encontrar un lenguaje común con sus maestros y discípulos sino que también con los gentiles, desde los representantes de las altas esferas del gobierno hasta los simples soldados que cumplían su servicio en Yehudá. Múltiples son las leyendas de esos encuentros y ellas expresan mejor que cualquier otra fuente su concepción sobre la función que Israel debe cumplir entre los pueblos.

  Rabí Akiva concibió el estudio de la Torá como uno de los elementos esenciales para la existencia de Israel: "Así como el agua es para los peces - así es la Torá para Israel”.

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